Desde la sonrisa de un niño, hasta un atardecer plagado de pájaros que cantan, todo son señales.
Cada día que pasa, cada año que golpea nuestra soberbia, nos coloca en nuestro sitio, aquellos que viven ensimismados en su cuenta corriente, en su coche de lujo, aquellos que no ven más allá de sus narices, heredarán la tierra pero no podrán comprar el cielo.
Un solo rayo de luz en el momento adecuado puede darnos más claves que todas las fórmulas matemáticas, solo hay que saber mirar.
El motor del mundo se disfraza a veces de música, de silencios, de suspiros.
Hermanos, buscad siempre ese motor, en estos tiempos de corazones helados, solo tenemos que alcanzar ese rayo de luna, esa estrella lejana, ese alma gemela.







